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Soy una Happyshifter

25 Ago

¿Qué es un/a happyshifter?

Un happyshifter, se traduciría como alguien que se redirige hacia la felicidad, es quien entiende el trabajo como un camino complementario para conseguir la felicidad en su vida. Esta es una de sus claves; el trabajo es algo complementario y no lo principal.

Para un happyshifter es fundamental tener una actitud positiva, proactiva y llena de optimismo hacia su trabajo. La cuestión es lograr encontrarse a gusto en todos los niveles de la vida, trabajo incluido. Por tanto es importante encontrar un trabajo en el que uno esté cómodo, en el que se sienta útil para desarrollar sus habilidades y que en definitiva satisfaga a la persona que lo realiza.

Hay especialistas que consideran que el movimiento happyshifter seguirá abriéndose camino, en tanto que los talentos sólo acudirán a una empresa que les garantice un entorno laboral grato y en donde cada minuto del tiempo que le dedican al trabajo rinde beneficio (a la empresa pero también al trabajador). Las empresas necesitan del talento, creatividad, adaptabilidad y capacidad de innovar de sus trabajadores.

Empresas muy próximas a lo que defiende el happyshifter son, por ejemplo, Google o Microsoft, que proporcionan un grado de libertad a sus trabajadores, les escuchan, les permiten aportar líneas de investigación… les dejan trabajar a su ritmo, en el horario que prefieran…

Haga ‘happyshifting’ y sea feliz en su trabajo

Los happyshifters no se resignan a pasar ocho horas diarias en un empleo que no les aporta nada. Los happyshifters deciden transformar sus empresas y el mercado laboral. Cambian la queja por la acción y la pasividad por el emprendimiento.

Los workaholics de toda la vida son los adictos al trabajo, pero en el extremo opuesto están los downshifters, aquellos que, cansados de una vida materialista, llegan a la conclusión de que no merece la pena trabajar semejante número de horas porque lo que se obtiene a cambio es difícil de disfrutar. Para ellos no hay dinero ni ascensos que compensen el tiempo no ocupado en otras actividades, así que “abandonan” y simplifican su vida al máximo.

Frente a la idea milenaria de que el trabajo es una condena, o algo así como morir un poco de lunes a viernes (algunos prolongan la agonía en sábado y domingo), los happyshifters emergen en el panorama sociolaboral como una nueva tribu heredera de Rousseau o Benjamin Franklin, los primeros que ya hace tiempo –en el siglo XVIII– argumentaron que la vida laboral podría estar en el centro de cada deseo de felicidad.

El happyshifting del siglo XXI implica la máxima defensa de la idea de que vivimos en una era única, en la que debemos estar decididos a buscar la felicidad a través del trabajo, que se convierte en fuente de sentido para nuestras vidas. Quienes lo defienden y practican también han tenido algún momento de duda en el que han cuestionado su carrera, lo que están haciendo, el modelo de mercado laboral o la organización de su empresa. Pero en vez de huir, actúan: deciden cambiar su compañía o se van de ella para crear una propia. El objetivo es ser feliz, a pesar de los pesares, trabajando. Así, no es extraño que cada vez más escuelas de negocios se preocupen de un intangible como la felicidad, y de su conexión con la economía real. Es un círculo: quien se encuentra en ese estado está absorto en su actividad y siente una enorme satisfacción; trabaja para ser feliz, con capacidad de realización y satisfacción personal antes que de ganar dinero. Cuando ocurre esto, hay un resultado para la empresa y con este compromiso, la persona tiene menos posibilidades de dejar la compañía y se esfuerza aún mucho más.

Dos de los factores clave para ser felices en el empleo son: sentirse útiles (concordancia entre lo que la persona hace y aquello que es propio de su formación e intereses) y recibir el reconocimiento de los superiores y compañeros.

Así que cuando uno no siente estos dos factores en su labor profesional tiene dos opciones: resignarse y asumir que el trabajo es un daño colateral en su vida para poder hacer otras cosas, o transformar sus empresas y el mercado laboral; cambiar la queja por la acción y la pasividad por el emprendimiento. Estos segundos son los happyshifters. Y si no pueden cambiar su empresa, se van de ella y crean la suya propia. Ser optimista resulta, evidentemente, parte de ese perfil. Tienen la actitud del yes, we can. El happyshifter necesita sentir que lo que hace tiene sentido.

Las crisis generan dos perfiles: por un lado, aquellos que se refugian en su compañía y no se mueven, pase lo que pase; y, por otro, aquellos que ven oportunidades fuera. El que quiere trabajar por cuenta ajena piensa más en salir que en quedarse, y esto afecta a la empresa, porque genera cierto conflicto. Busca cambiar, y la causa no suele ser el dinero, sino un entorno no adecuado. En el caso de los que ven nuevas oportunidades para emprender, el motivo suele ser convertirse en el propio jefe o tener más libertad de actuación.

La sociedad evoluciona y la gente tiene cada vez menos apego a sus trabajos. Antes, la relación entre empleador y empleado era de por vida. Ahora la media de duración no llega a cinco años. Todo esto se transmite a las organizaciones, y hay cada vez más gente que se siente abierta a diferentes opciones y a moverse en el mercado. Cuando una persona se marcha a otra compañía se lleva el conocimiento a otra empresa, y si monta su propio negocio puede convertirse en un competidor. Hay una tendencia a echar la culpa del descontento a los jefes, sin que se haga nada por cambiar. Las empresas o los jefes que no se preocupan de lo que quieren sus empleados crean trabajadores amargados que se ausentan física (absentismo) o psíquicamente (quienes pasan su jornada buscando empleo en internet). Se habla de “muertos vivientes” que no se animan a salir y cuya aportación a la organización es nula.

Hay cambiar las organizaciones por dentro, aprovechando la crisis, porque éstas se pueden quedar sin talento si no se dan ciertas transformaciones. Las personas con talento no son fácilmente sustituibles. Estamos ante una oportunidad para que las personas se hagan valer en las organizaciones y se transforme todo.

En el happyshifting encontramos tanto a empleados que quieren demostrar dentro de su empresa que se puede ser feliz en el trabajo, como a emprendedores que buscan la felicidad creando la suya propia.

10 consejos que ayudan a ser feliz en el trabajo

1.Escoja ser feliz. La felicidad es una elección. Quédese con los aspectos positivos de su trabajo. Rechace a la gente negativa, los rumores y maledicencias. Encuentre colegas con los que esté a gusto.

2.Haga algo que le guste cada día. Quizá no ame su trabajo, pero siempre habrá algo en él que le atraiga.

3.Ocúpese personal y continuamente de su desarrollo personal y profesional. Usted es la persona que más tiene que ganar con su formación continua.

4.Tome la responsabilidad de conocer lo que ocurre en su trabajo. No se limite a quejarse de que no recibe información sobre lo que pasa en su compañía, los proyectos de los diversos departamentos o con sus colegas. Busque la información que precisa para trabajar eficazmente. Desarrolle una red de información y utilícela. Pregunte a su jefe cuando tenga dudas. De usted depende en gran medida lo que puede saber.

5.Pida ‘feedback’ sobre lo que hace, cómo lo hace y qué piensan sus jefes de su trabajo.

6.Comprométase sólo a aquello que pueda cumplir y mantener. Los expertos aseguran que una de las principales causas de estrés e infelicidad es fallar en un compromiso adquirido. Evite las excusas y preocúpese sólo de las consecuencias que implica fallar a la promesa dada.

7.Evite la negatividad.

8.Mantenga el coraje profesional. Sea inconformista. En un sentido positivo, los conflictos pueden ayudarle a cumplir su visión personal y su misión profesional; a servir a los clientes y a crear productos de éxito.

9.Haga amigos, verdaderos amigos.

10.Si nada de esto funciona, empezar buscar un trabajo nuevo o emprender un negocio es lo que puede hacerle realmente feliz.

Fuente parcial: Expansión y Empleo

Montse García

Marketing y Comunicación integral

@modernmarketing

Siempre optimismo

7 Ago

Las imágenes lo dicen todo.

Montse García

Marketing y Comunicación integral

@modernmarketing

Una actitud optimista te ayudará

2 Ago

Muchas personas viven las mismas situaciones o situaciones muy similares y sin embargo reaccionan ante ellas de maneras muy distintas. Cada persona reacciona de acuerdo a experiencias que ha tenido anteriormente, pero también influye mucho su personalidad y especialmente lo optimistas o pesimistas que son.

El optimismo es una actitud basada en la manera de percibir y evaluar una situación y sus probables resultados. Optimismo significa enfrentar los problemas de la vida, sabiendo que con el esfuerzo necesario, vamos a poder solucionarlos y vamos a lograr nuestros objetivos y deseos. Es saber que tenemos la fuerza y capacidad necesaria, para sobreponernos a cualquier dificultad y lograr una vida plena y feliz.

¿Te consideras optimista o pesimista?

¿Ves el vaso medio lleno?¿O medio vacío?

Un optimista lo ve casi lleno y un pesimista casi vacío.

¿Ves la rosa o la espina?

El optimista ve de la rosa, la rosa y el pesimista la espina“.Kahlil Gibran

Ser positivo no significa tomarse todo como si nada importara, sino que se trata de buscar el lado bueno de las cosas. Las personas optimistas aprecian las cosas buenas de la vida, los momentos de alegría y felicidad, y tratar de ver las cosas malas desde una perspectiva distinta. Por más malo que todo pueda parecer, siempre buscan y encuentran el lado positivo y hasta de la más terrible crisis sacan enseñanzas y conclusiones positivas, de hecho, la palabra “crisis” en chino también quiere decir oportunidad, lo cual significa que aun en el peor momento se puede rescatar algo positivo ya que una crisis es siempre una oportunidad de empezar de nuevo.

Ser optimista en la vida ayuda muchísimo, ya que una persona optimista seguramente tendrá una capacidad mayor de controlar sus emociones sin permitir que estas le afecten negativamente. Se trata de conjugar la capacidad de abstraerse de los hechos y situaciones para poder pensar de una manera mas racional y buscando el lado positivo que nos permita crecer y aprender de lo ocurrido, sin necesidad de que nos afecte negativamente ni dejando que la situación nos sobrepase.

Una parte importante a tener en cuenta es que mientras nosotros no podemos influir sobre muchas de las cosas que nos ocurren, sí podemos hacerlo sobre como nos afectan aquellas cosas que ocurren, y ahí es donde debemos poner nuestro esfuerzo. Por ejemplo, es posible que la empresa en la que trabajamos se vaya a la quiebra y que como consecuencia de esto, nos quedemos sin trabajo. Por muy optimistas o positivos que seamos, no cambiaremos esta situación que se escapa un poco de nuestro control; sin embargo, lo que si puede ser distinta en esta situación es nuestra actitud y cómo reaccionamos ante esta situación. Una persona optimista se dará cuenta de que esta situación que le ha pasado le ha ocurrido antes a muchas otras personas que han salido adelante y que ella o él también saldrá adelante y victoriosa de esta situación. Pensará en qué empresa le gustaría trabajar y en qué puesto y se pondrá a pensar en formas para tener una entrevista en esa empresa para poder convencerles de su valía y de que le contraten. Ante una negativa en la primera empresa, aprenderá de los motivos por los que cree que no le han seleccionado y encarará con energía y optimismo su siguiente entrevista. Además y lo que es muy importante, esa misma persona trasmitirá su optimismo y energía positiva durante estas entrevistas, causando una buen impresión.

Por estos motivos, es especialmente importante poder encarar las situaciones y los problemas con una actitud positiva y optimista. Mantener una postura optimista ante las crisis y las adversidades, te permitirá sus ventajas:

  • Tener la tranquilidad suficiente para analizar detalladamente el problema y las posibles soluciones.
  • Cuando confiamos en que los resultados van a ser positivos, el esfuerzo que necesitamos hacer, vale la pena.
  • Al separar las partes positivas de las negativas, nos damos cuenta de que no todo está mal. Esto influye en nuestro estado de ánimo y nos ayuda a darle al problema una dimensión más adecuada.
  • Nos permite buscar nuevas opciones, cuando no obtenemos buenos resultados con lo que estamos haciendo.
  • Sobrellevarás con más tranquilidad y alegría las dificultades. Esa tranquilidad te permitirá ser más creativo y encontrar una solución al problema mucho mas rápidamente que si se desespera. El optimismo te permitirá sobre todo, amplificar al máximo la creatividad, el desarrollo de nuevas e ingeniosas ideas y la capacidad emprendedora.
  • Al reconocer nuestra responsabilidad, nos sentimos en control. Esto fortalece nuestra autoestima y nos ayuda a mantenernos motivados.
  • Tener mayores probabilidades de tener éxito en aquello que hacemos, porque tenemos una actitud abierta, mayor perseverancia y mejor autoestima.
  • Impactarás positivamente a los demás, ya que el común de la gente se deja llevar por el pesimismo y contagiarás optimismo a quienes lo rodean, lo que propiciará un ambiente más optimista y creativo aún.
  • Serás más tenido en cuenta por los demás, ya que todos prestarán atención a su actitud, y notarán que tiene mas capacidades que otros para ayudar constructivamente, solucionar problemas y salir adelante.
  • Tendrán más confianza en ti que en el resto de las personas ya que inspirará seguridad en si mismo. Ganarás nuevos, verdaderos, optimistas y creativos amigos.
  • Favorece nuestras relaciones familiares, sociales y de trabajo.
  • Disminuye el estrés y mejora nuestra salud.
  • Nos permite disfrutar de la vida.

En relación a este tema, me gusta esta frase:

Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad, un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad”. Winston Churchill

Montse García

Marketing y Comunicación integral

@modernmarketing