Demografía en España

13 Feb
Desde el punto de vista de Marketing, nos interesa mucho tener estudios sobre demografía. Expongo un artículo que nos servirá de ayuda …..
Las proyecciones demográficas, que son simples aproximaciones a una realidad cambiante sobre la que estimamos las demandas futuras de formación, salud y otros consumos de bienes y servicios. Las proyecciones más solventes son las del INE, que las confecciona para un plazo largo (entre 50 y 80 años) y para periodos más cortos (10 años). Utilizaré la última de cada clase, aparecidas este mismo año, para plantear mis reflexiones.
El primer hecho destacable es la nueva desaceleración que el crecimiento demográfico tendrá durante los próximos cuarenta años. Tardamos en alcanzar la España de los cuarenta millones que anhelaba el franquismo, pero al fin lo conseguimos con el cambio de milenio. Durante la década actual añadimos casi siete millones a nuestro censo, pero el futuro se presenta bajo el signo de la escasez: en 2020 tendremos solo un millón más, y en 2048 dos millones. Es decir, volveremos a tener la situación de languidez demográfica que sufrimos en la última década del siglo pasado hasta que la inmigración nos sacó del letargo.
¿Qué hechos explican esta evolución previsible? La población de un territorio aumenta o disminuye de acuerdo con el balance entre nacimientos y defunciones y entre emigración e inmigración. Y estas son las previsiones para cada uno de esos componentes. La natalidad en España ha sufrido una serie de altibajos. Tuvimos nuestro particular «baby boom» entre 1957 y mediados de los 70. Después, los nacimientos cayeron durante los veinte años siguientes (1977-1997). Más tarde, y merced a la aportación de las madres extranjeras, crecieron de nuevo hasta 2008. Pero desde el año pasado se inicia una nueva etapa de retroceso que probablemente se prolongará hasta el 2027, debido a que serán madres las mujeres nacidas en los años de la última caída, que al ser menos no tendrán muchos hijos. Los cálculos son optimistas en cuanto al índice de fecundidad (pasaría de 1,4 hijos por mujer ahora a 1,7 en 2048). Pero ni esa tasa va a permitir la renovación de las generaciones, establecida en un valor mínimo de 2,1 hijos por mujer, ni logrará que el volumen anual de nacimientos supere, como en algunas épocas, los seiscientos mil o el medio millón al año.
Pero lo verdaderamente importante en la evolución del crecimiento natural es la mortalidad, que dará buenas y malas noticias. La buena nueva es que la esperanza de vida al nacimiento seguirá subiendo, hasta alcanzar 84,3 años en los varones y casi 90 en las mujeres. La mala es que, como consecuencia del envejecimiento, habrá un continuo aumento de la cifra bruta de fallecimientos. A partir de 2020 se morirá más gente que la que nazca, provocando un aumento vegetativo negativo y la ralentización del crecimiento. Si todo dependiera de nuestro propio incremento interno, la población sería, al final de la proyección, inferior a la actual. Pronosticar la evolución de las migraciones es complicado. En los últimos años fueron el componente básico de nuestra evolución, pero la crisis está reduciendo las entradas y alentando algo los retornos. La proyección prevé para el corto plazo (próximos diez años) un balance positivo pero modesto, y a partir de 2020 un flujo anual constante de 400.000 personas. Ello supondría un saldo migratorio total de 2,6 millones netos en los próximos cuarenta años. El crecimiento de los 2,1 millones de personas estimado para todo el tiempo de la proyección sale de restar el medio millón de fallecidos superior al de nacidos de los 2,6 millones de extranjeros que tendrá el saldo migratorio.
Pero más importante que la evolución de las cifras absolutas es la que experimentará la composición por edades. El balance para los próximos cuarenta años arroja un crecimiento moderado (150.000 personas) de la población joven, debido al influjo favorable de la última recuperación de la natalidad y de la elevación prevista de la fecundidad. La población adulta sufrirá una disminución de medio millón de personas que se reflejará negativamente sobre la pirámide laboral. Los mayores crecimientos absolutos y relativos tendrán lugar en las edades superiores a los 65 años y por encima de los 80 años, provocando un envejecimiento general y un envejecimiento de la propia vejez verdaderamente notables. En 2020 la población vieja será una quinta parte de la española, y en 2048 casi un tercio. Por su parte, los más viejos de los mayores (80 y más) serán en 2048 más de 5,6 millones y un 12% de todas las personas que vivan en España. Es decir, habrá cada vez más viejos que serán cada vez más viejos. La combinación de menos adultos en edad de trabajar y más jubilados provocará un aumento de la tasa de dependencia, es decir, del peso (jóvenes + viejos) que tendrán que soportar los activos. Si actualmente es del 48%, a mediados de siglo será casi del 90%, es decir casi un pensionista por trabajador.
La España que se despuebla
La evolución general de las cifras se completa con el análisis de su distribución territorial, que solo puede hacerse para el 2020. No obstante, es verosímil suponer que el panorama que habrá ese año no cambiará mucho en un horizonte más lejano. Hay una España que se despuebla localizada en el cuarto noroeste de la península y otra (el resto del país) que gana habitantes con mayor o menor intensidad. Existe, por lo tanto, un cierto contraste norte-sur y otro cantábrico-mediterráneo. Cinco Comunidades perderán población en términos absolutos (Galicia, Asturias, País Vasco, Rioja y Castilla-León) y algunas ganarán más del 5% de sus efectivos (Castilla-La Mancha, Baleares, Murcia, Navarra, Madrid y Andalucía). Las demás Comunidades contarán con crecimientos mucho más moderados. La necesaria (pero fría) utilización de los números no debe hacernos olvidar que lo importante es conocer los procesos que los explican. La demografía española, como la europea, pivota ya hoy sobre tres ejes: la baja natalidad y fecundidad, el fuerte envejecimiento y el necesario recurso a la inmigración.
Seguramente no podrá elevarse mucho más el número de nacimientos proyectados, pero habría que poner los medios, ante todo para que no sean menos y, mejor aún, para que crezcan algo. Ello exigirá la definición de una auténtica política de ayuda familiar con instrumentos y medidas eficaces y una política de conciliación que realmente permitiera a las mujeres compaginar, sin sacrificios imposibles, su vida laboral y familiar. El envejecimiento es un fenómeno positivo, pero preocupante e irreversible. Positivo porque vivir más años es una conquista social, cuya contrapartida es la discapacidad y la dependencia. Preocupante porque va a plantear graves problemas para costear las pensiones y otros gastos sociales. Irreversible porque ya no tiene una solución demográfica razonable ni por la vía de la natalidad ni por el conducto de la inmigración. El envejecimiento provocará la necesidad de inyectar más trabajadores en el mercado laboral, que por ello tendrá una estructura distinta con menos jóvenes, más adultos, más mujeres, más inmigrantes y más personas de edad que se jubilarán más tarde. Pero exigirá cambiar el actual sistema de pensiones por otros más flexibles que combinen el reparto y la capitalización. Y el debate sobre la inmigración no podrá ser el de si admitirla o rechazarla. Seguiremos necesitando trabajadores con bajo nivel de cualificación y otros más cualificados que podríamos formar aquí y a los que luego dar trabajo, o competir por ellos en el mercado internacional del talento, respetando las necesidades de los países emisores.
Lo que es preciso es regularla bien con políticas ágiles que faciliten la inmigración legal necesaria, erradiquen el tráfico de personas, respeten sus derechos, contemplen la diversidad, hagan cumplir las normas y favorezcan la integración. La evolución poblacional puede actuar como motor de las transformaciones necesarias para afrontar sus consecuencias. Pero lo que sea preciso hacer es necesario iniciarlo ya para que sus efectos cumplan su función resolutoria, cuando llegue el momento.

 

Fuente: abc

 

Montse García

@modernmarketing

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